• ENVEJECIMIENTO HUMANO

    Visiones y Desafíos

    Rimassa, Carla. (2014). La capacidad de producir textos escritos sintácticamente complejos y su relación con la reserva cognitiva de los sujeos adultos que los producen. Tesis Doctoral. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, Chile. pp 24 - 45.

     

    ENVEJECIMIENTO

    El envejecimiento puede ser abordado a lo menos desde dos perspectivas, a saber, la poblacional o demográfica y la individual. La primera se refiere al incremento de adultos mayores en relación al resto de la población a la que pertenecen. En tanto, la segunda corresponde al proceso que experimenta cada persona con el paso de los años (Jiménez-Hernández, Pintado-Machado, Rodríguez-Márquez, Guzmán-Becerra, & Clavija-Llerena, 2010). 

    Problemática del Envejecimiento Poblacional

    El envejecimiento poblacional se ha convertido en un tema prioritario debido a que los niveles de sobrevida de la población actual está por sobre los 75 años de edad. De acuerdo con Ardila (2012: 2), esta mayor sobrevida “es el resultado de múltiples factores, tales como avances médico-farmacológicos, altos niveles nutricionales y mejores condiciones de higiene”, que han permitido limitar y modificar las causas de muerte temprana.

    El  crecimiento demográfico en Europa presenta forma de pirámide invertida, vale decir, aumenta el número de personas mayores en desmedro del segmento más joven e infantil (Llanero, Montejo, Montenegro, Fernández & Ruiz, 2010). En este sentido, los índices del Instituto Nacional de Estadística (INE, 1992) señalan que en los primeros años de la década de 1990 la población adulta por sobre los 60 años correspondía al 9, 8% de la población. En esta línea, las proyecciones del INE (2007) pronosticaron que la cifra de adultos mayores en el país aumentaría aún más en los próximos años, estimándose un crecimiento de un 45% en la próxima década, de modo que la población de dicho rango etario alcanzaría unos 3,2 millones de personas en el 2020. Posteriormente, la misma entidad (INE, 2010), indicaba que dicho grupo etario era el triple que hace cuatro décadas, ascendiendo al 13% del total del país, lo cual equivalía a 2,2 millones de personas, siendo la región de Valparaíso la que presentó el mayor índice de adultos mayores (IAM) a nivel nacional con 71 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. Además, según el último censo nacional (INE, 2012: 97), “la población de 65 años o más –estimada al 30 de junio de 2012- es 1.659.670 habitantes”, siendo la región metropolitana (39,2%) y las regiones de Valparaíso y Biobío (12,1%, en cada una), las zonas con mayor concentración de esta población.

    Ahora bien, a nivel mundial y en un sentido epidemiológico, surge temor sobre los datos recientemente expuestos por el incremento de las enfermedades asociadas al aumento de la edad, más aún considerando el costo económico asociado al deterioro natural o patológico. Una de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento es la Enfermedad de Alzheimer (EA). Esta patología no sólo preocupa por las consabidas afecciones orgánicas y cognitivas sino que, además, por la consecuente dependencia que afecta al paciente y al costo económico implicado en ello. En los Estados Unidos, lo mismo que en  España, la EA corresponde a la tercera patología con mayor incidencia. La inversión mundial anual por dicha enfermedad asciende aproximadamente a los US$ 600.000.000.000 (Sabbagh, 2010).

    El envejecimiento, de acuerdo con Salech (2009), es el factor de riesgo principal en la mayoría de las enfermedades con morbimortalidad en la población. Por ello, los mayores niveles de sobrevida junto a los avances científico-tecnológicos, han generado un creciente interés y desarrollo de disciplinas para el estudio de los cambios asociados a la edad. El interés en estos casos apuntan a conocer las necesidades, las características y el perfil general del adulto mayor, que orienten en la pesquisa precoz de los signos de deterioro cognitivo (Owen, Hampshire, Grahn, Stenton, Dajani, Burns Howard & Ballard, 2010).    

    Problemática del Envejecimiento Individual

    La senectud es la consecuencia de los efectos biológicos y psíquicos del paso del tiempo y donde se describe una disminución significativa de la capacidad física (Jiménez-Hernández et. al, 2010). El envejecimiento es un hecho inevitable en todo el sistema biológico, por lo cual reporta gran interés científico, sin embargo aún existe desconocimiento de las bases neurobiológicas precisas que lo producen (Gil-Verona, Pastor, De Paz, Barbosa, Macías, Maniega, Álvarez & Rami, 2002). De acuerdo con Pérez y Sierra (2009: 296), se trata de un proceso de “deterioro paulatino y gradual de la capacidad funcional del organismo, posterior a la madurez, y que a la larga conduce a la muerte del mismo”. Estos autores enfatizan que su definición excluye la mención de enfermedades, pues estas no son parte del proceso, sino una consecuencia del mismo. Al respecto, Arago (1986), precisa que envejecimiento no es un evento repentino sino un proceso dinámico, plural y diferenciado o no generalizable, que involucra diverso tipo de factores, en el que ocurren cambios graduales y progresivos. Asimismo, Mishara y Riedel (2000) señalan que en la vejez se modifica el cuerpo y existen cambios psicológicos, sociales y conductuales, cuya edad de inicio tiende a fijarse arbitrariamente entre los 60 – 65 años. Por su parte, Chackiel (2000) indica que este proceso es irreversible y ocurre a lo largo de la vida. No obstante, agrega el autor, el término viejo alude a quien se encuentra en la etapa final de la vida, “en la que dicho proceso se hace más acelerado y va comprometiendo las facultades físicas y mentales” (Chackiel, 2000:9). En este sentido, envejecer para Tobaruela (2006: 3) es un “proceso intrínseco que afecta a todos los organismos vivos”, donde disminuye progresivamente la vitalidad y la adaptación a cambios. Lo anterior es compartido por, Bosch (2010: 18) quien agrega que el envejecimiento es un “fenómeno natural, continuo y universal”.

    Se reconoce que el envejecer implica modificaciones neuroanatómicas micro y macroscópicas, que conllevan consecuencias funcionales y cognitivas, las cuales caracterizan esta etapa. Por ello, el envejecimiento del sistema nervioso se debe considerar parte del “complejo proceso de envejecimiento de los diferentes órganos y sistemas  que se integran en el individuo como unidad biológica” (Tobaruela, 2006: 3).

    En resumen, no existe una definición única del envejecimiento, aunque se aprecia cierto consenso  a considerarlo un proceso que abarca toda la vida del ser humano, donde ocurren diversos cambios progresivos e irreversibles y en el que inciden diferentes factores. Además, se describe una merma del rendimiento cognitivo como consecuencia de modificaciones estructurales y funcionales del sistema nervioso.

     

     Cambios Neuroanatómicos en el Envejecimiento Normal

    Los estudios llevados a cabo en el envejecimiento dan cuenta de la asociación de este proceso con “cambios en la morfología, fisiología y bioquímica cerebral” (Román & Sánchez, 1998: 27). En este sentido, los hallazgos de Bosch (2010) corroboran dichos planteamientos. La autora señala que un cambio relacionado con el envejecimiento es la pérdida de conectividad cerebral por afectación de las fibras de sustancia blanca (SB), la cual evidencia una “disminución en la integridad y direccionalidad” (Bosch, 2010: 21). Estas modificaciones son posibles de medir con técnicas específicas de resonancia magnética y acusan deterioros microestructurales en los lóbulos cerebrales frontal, parietal y occipital, hecho que incide negativamente en el funcionamiento cognitivo. De acuerdo con Bosch (2010), entre las funciones cuyo rendimiento se relaciona neuroanatómicamente con la SB están las funciones ejecutivas y de memoria. Sin embargo, “el deterioro cognitivo asociado a la edad no depende de estructuras anatómicas aisladas sino del funcionamiento de distintos subprocesos” (Bosch, 2010: 22).

    Bosch (2010) explica que el cerebro, en el envejecimiento normal, evidencia cambios neuroanatómicos macroscópicos como: pérdida de peso y volumen, expansión de los surcos, dilatación de los ventrículos y pérdida de conectividad, lo cual incide en el funcionamiento cognitivo. Otra estructura en la que se describe una disminución significativa del volumen con la edad, relacionada con la velocidad de percepción, es el tálamo, lo cual podría explicar ciertos aspectos del deterioro cognitivo de los adultos mayores.

    En relación al tamaño cerebral,  Mosquera (2011) señala que el cerebro del adulto mayor es, en promedio, 6% menos voluminoso que el de los jóvenes. Sin embargo, señala la autora, dicha pérdida es variable según la zona cerebral estudiada. En los lóbulos frontales el cerebro decrece un 17%. En los lóbulos parieto-occipitales no hay variación. Mientras, en los lóbulos temporales el volumen aumenta. Además, de acuerdo con Crespo-Santiago y Fernández-Viadero (2011), esta reducción del volumen cerebral no se debe a pérdida neuronal, sino que “[…] se explica mejor por la reducción del tamaño de las neuronas con una disminución del número de espinas dendríticas y un menor número de sinapsis […] El grosor de los axones mielínicos también se reduce de forma notable, hasta llegar al 50% en algunas vías nerviosas” (Crespo-Santiago & Fernández-Viadero (2011: 11).

    Ahora bien, respecto del peso cerebral, la merma es de aproximadamente 200 gramos entre los 40-60 años, lo cual se acompaña de una expansión entre un 6-11% de los ventrículos y profundización de los surcos. Esta pérdida de peso “representa la contrapartida de la reducción del tamaño de las neuronas y del calibre de los vasos sanguíneos” (Crespo-Santiago & Fernández-Viadero, 2011: 10). Si se compara, en análisis post mortem, el aspecto de un cerebro de un sujeto sano, sin atrofia cerebral, y el cerebro de un sujeto con dicha afección, cuyas causas son diversas, siendo una de ellas la vejez (Appelman, Exalto, van der Graaf, Biessels, Mali & Geerlings, 2009), se puede observar una imagen como la Figura 1.

    (Las figuras se presentan en la versión de la Tesis Doctotal impresa)

    Figura 1: Se presentan dos cerebros, uno de ellos sano (A) y el otro con atrofia (B). En el segundo se aprecia un órgano con menor volumen, surcos ensanchados y dilatación de las circunvoluciones.B A.

     Figura 1: Cambios del volumen cerebral con la edad . A: Cerebro Sano, B: Cerebro con atrofia[1] Por otra parte,

    Figura 2 corresponde a una tomografía axial computarizada (TAC) del cerebro de dos personas de edades diferentes (adulto joven y adulto mayor), sin deterioro cognitivo. La diferencias entre ambas imágenes es que el adulto mayor (imagen B), presenta mayor tamaño de los ventrículos (1) y mayor profundidad de las cisuras (2), comparado con el adulto joven (imagen A) (Crespo-Santiago & Fernández-Viadero, 2011).

    A nivel de la célula nerviosa, Mosquera (2011) describe disminución en número y extensión de las arborizaciones de las dendritas, lo cual produce reducción de conexiones sinápticas y los axones modifican su expresión degenerativa y regenerativa con desmielinización segmentaria, estas modificaciones estructurales, según la autora, “afectan las distintas funciones sensoriales, motoras y cognitivas en el anciano y son responsables, en parte, de la incidencia en este grupo de edad de distintas enfermedades neuroquirúrgicas” (Mosquera, 2011: 922). Adicionalmente, el envejecimiento, según Mosquera (2011),  provoca una disminución en la concentración de la mayoría de los neurotransmisores. Un aspecto clave es que la despolarización excitatoria produce liberación de aminoácidos que elevan los niveles de glutamato, incide en la homeostasis del calcio, lo que, finalmente, activa “enzimas dependientes del calcio, las cuales inician cascadas metabólicas que pueden provocar la muerte celular” (Mosquera, 2011: 922). Estos cambios en el sistema de neurotransmisores, produce modificaciones en “el patrón del sueño, del humor, del apetito, de las funciones neuroendocrinas, de la actividad motora y de la memoria” (Gil-Verona et. al, 2002: 277). Ahora bien, las alteraciones señaladas son producto de una cadena de fenómenos neuroquímicos. Así, Asimismo, los radicales libres, que dañan la función celular y están relacionados con enfermedades asociadas a la edad, “son átomos o grupos de átomos con un electrón desapareado. En consecuencia son altamente reactivos y capaces de reaccionar con gran variedad de macromoléculas” (Gil-Verona et al., 2002: 268). Estos elementos han sido descritos en el envejecimiento como

    “su mayor factor causal. Se conoce que la acumulación del estrés oxidativo induce modificaciones durante el envejecimiento en macromoléculas como las proteínas, lípidos y ácido desoxiboribonucleico (ADN) […] Estas proteínas modificadas oxidativamente, tienen implicaciones directas en el metabolismo del calcio, disparador de la muerte celular” (Mosquera, 2011: 923).

    De esta manera, de acuerdo con Landinez, Contreras y Castro (2012: 563), el envejecimiento humano “se asocia con una pérdida de la función neuromuscular y del rendimiento, en parte relacionadas con la reducción de la fuerza y la potencia muscular”, las que, junto al deterioro del sistema nervioso somatosensorial y motor, son responsables de mayor inseguridad en la marcha, disminución de la velocidad al caminar y aumento del riesgos de caídas, entre otros aspectos (Landinez et al., 2012).

    Otro de los aspectos profusamente descritos en los estudios del envejecimiento es el deterioro cognitivo asociado a la edad. En general, los cambios morfológicos del sistema nervioso, junto a sus variaciones funcionales concomitantes asociadas al envejecimiento, están en la raíz de las características del desempeño cognitivo del adulto mayor, el cual se pasará a revisar a continuación. 

    Envejecimiento Cognitivo

    El envejecimiento, de acuerdo con Montes-Rojas et. al. (2012: 122), “conlleva el incremento en la probabilidad de padecer deterioro cognoscitivo y los diferentes tipos de demencia”. Es decir, explican los autores, los mecanismos de las funciones cognitivas se caracterizan por un aumento en su variabilidad individual, señalando las fallas de memoria, de atención y de las funciones ejecutivas como las más referidas. Sin embargo, Román y Sánchez (1998) explican que la variación cognitiva observada en la vejez “parece no afectar de forma homogénea a todos los procesos, soliéndose identificar principalmente dificultades relacionadas con la memoria y velocidad de procesamiento” (Román & Sánchez, 1998: 27). En esta línea, Yuni y Urbano (2005), señalan que si bien se hallan declives en el funcionamiento cognitivo de la personas mayores estos hallazgos no son concluyentes, argumentando que,“un declive intelectual generalizado y universal no es sostenible ya que tal decremento es apreciable solo en algunas habilidades, que incluso no ocurren en todas las personas. En otras palabras, el cambio cognitivo no afecta por igual a todas las capacidades intelectuales, así como tampoco éstas siguen el mismo patrón de cambios o velocidad” (Yuni & Urbano, 2005: 98).

    Las funciones cognitivas en la vejez han sido estudiadas a través de métodos de investigación transversales y longitudinales, los cuales aportan distintos puntos de vista del fenómeno. En este sentido, los hallazgos muestran que, junto a los déficits en la velocidad de procesamiento (la memoria operativa y la memoria a largo plazo), con la edad también declinan las funciones sensoriales, (Parasuraman, Tippelt & Hellwig, 2010). Un aspecto resaltado en los estudios de Baltes y Lindenberg (1997) es que, la disminución en los procesos sensoriales básicos, es determinante en el decremento de la percepción y cognición. Sin embargo, plantean dichos autores, surge la interrogante sobre si determinados deterioros de los procesos cognitivos corresponden a estados normales o patológicos de envejecimiento. Además, de acuerdo con Román y Sánchez (1998a), tampoco es uniforme la merma en todas las funciones cognitivas de una misma persona con la edad. En esta línea, las investigaciones señalan que el conocimiento semántico, el conocimiento de mundo y la memoria implícita, medida a través del priming de repetición, permanecen intactos con la edad (Toril, Arellano, Reales & Ballesteros, 2012). Razones como estas motivan a algunos autores a exponer su aprensión al momento de definir el funcionamiento cognitivo normal de la tercera edad porque

    “la ausencia de una definición concreta que explicite el contenido de ‘envejecimiento cognitivo normal’ dificulta la distinción entre los cambios cognitivos específicos asociados al avance de la edad y otros síntomas, expresión de diversas condiciones patológicas” (Ibarra, 2006: 112).

    Según Román y Sánchez (1998: 28), “existen al menos tres aspectos que dificultan la identificación de las características neuropsicológicas de la senectud”. Estas son: (a) dificultad para diferenciar el envejecimiento patológico del normal; (b) variabilidad interindividual y (c) dificultad de extrapolar resultados de sujetos adultos lesionados. Los problemas de memoria, agregan dichos autores, son recurrentes en sujetos normales como también corresponden a uno de los primeros indicios de la enfermedad de Alzheimer (EA). Entonces, dado que los signos de la EA son de aparición lenta, progresiva y sin manifestaciones clínicas en sus comienzos, algunos sujetos con esta patología podrían haber formado parte de muestras en estudios de normalidad. Además, según Román y Sánchez (1998), existe la posibilidad de que ciertas características neurológicas descritas se deban a comorbilidad (enfermedades sistémicas, accidentes vasculares, síndromes neurodegenerativas, etc.) y no a la edad.

    De acuerdo con Burin y Duarte (2005), los estudios sugieren que en el envejecimiento normal se afecta el ejecutivo central de la memoria de trabajo. Así,  los resultados de los adultos mayores en pruebas neuropsicológicas muestran descenso en el rendimiento, cuando las tareas requieren de almacenamiento y procesamiento concurrente. Sin embargo, el paso del tiempo parece afectar a diferentes áreas cognoscitivas que, según Ardila (2012: 2) “incluyen pero no se limitan a, la memoria, el lenguaje, la percepción y la atención”, aún cuando los procesos que reiteradamente se mencionan como deteriorados, son los de memoria y tiempos de reacción y atención.

    Algunos autores, entre los que destaca Salthouse (1994, 1996, 2002, 2009), postula que son pocos los factores o mecanismos responsables de muchas funciones cognitivas. Al respecto, Morales, Vásquez, Duque, Sánchez, López, Montero y Peña (2006), señalan que una pregunta a responder es si los cambios dados en la vejez son producto de la interrelación entre los procesos o si éstos son independientes entre sí. En esta línea, Morales et al. (2006: 2) plantean que las teorías sobre el declive cognitivo se pueden agrupar en tres premisas: (a) Las que sugieren que existe una causa biológica común para el declive en la tercera edad; (b) Las que enfatizan la función integradora del control ejecutivo y (c) Las que se centran en los recursos cognitivos. Estos autores señalan respecto de la primera vertiente que, si bien en los estudios transversales apoyan la hipótesis de que con la edad las funciones sensoriales y cognitivas se deterioran, los estudios longitudinales no aportan similares conclusiones. Respecto de la segunda vertiente, se señala que la corteza premotora es un área que se muestra más vulnerable al envejecimiento y parece ser responsable de “un conjunto de procesos menores configuradores de conductas complejas” (Morales et al., 2006: 3). La tercera premisa concierne a aquellas posturas que se inclinan por relevar a ciertos recursos cognitivos como factores responsables del procesamiento de la información, siendo dos los más señalados: la memoria de trabajo (Baddeley, 1992) y la rapidez de procesamiento (Salthouse, 1994, 1996).

    En resumen, hasta el momento existe consenso que el paso del tiempo no afecta por igual a todas las personas y que existen diversas teorías que intentan explicar los cambios asociados al envejecimiento. Los mecanismos que inciden en dichos cambios son detallados en la sección siguiente.  

     

    Mecanismos Explicativos del Envejecimiento Cognitivo

    Existen cuatro mecanismos que se han propuesto para explicar el envejecimiento cognitivo, estos son: (a) déficit del funcionamiento sensorial, (b) fallos de la función inhibitoria, (c) cambios en la velocidad de procesamiento y (d) disminución en la eficacia de la memoria operativa o de trabajo (Park, 2002)

    Respecto de la asociación entre déficit sensorial y cognitivo se han propuesto tres hipótesis para explicar el fenómeno. La primera explicación es que ambas funciones son dependientes y están estrechamente interrelacionadas. La segunda posibilidad es que el déficit en estas funciones se deba múltiples causas. Finalmente, la hipótesis de la causa común, dada por degeneración neural o disminución del flujo sanguíneo, es la que tiene predominancia (Menacho, 2008). Esta última se desarrollará a continuación.

    Lindeberger y Baltes (1997), en la clásica investigación llamada estudio de Berlín, evaluaron cinco habilidades de mecánica y pragmática cognitiva (razonamiento, memoria, velocidad perceptiva, conocimiento y fluidez).Los autores encontraron que  las variables sensoriales y sensomotoras (agudeza visual y auditiva) están estrechamente vinculadas con el funcionamiento cognitivo. Sin embargo,  no sostienen que las variables sensoriales estén influenciando directamente lo cognitivo, sino que éstas eran indicadores de la integridad neuronal global del sistema nervioso, es decir, que serían un índice general de la arquitectura neurobiológica, la cual afecta el funcionamiento de lo cognitivo y por esto,  plantearon la  hipótesis de causa común.  Al respecto, se puede decir que

    “tanto el declive de los procesos senso-perceptivos, como de los procesos cognitivos tendría un factor común porque ambos reflejan la degeneración del sistema nervioso central que influye directamente en estas funciones”. Menacho (2008: 37). 

    De acuerdo con Park (2002: 19), el estudio de Berlín está entre los más representativos, bien documentado resultando ser “de gran importancia para la comprensión del envejecimiento cognitivo” y de la influencia de las funciones sensoriales como un índice de los recursos cognitivos. Concordante con lo anterior, Ardila (2012) afirma que en cuanto a la percepción, en la senectud la agudeza visual y auditiva disminuye. Los adultos mayores presentan hipoacusia, pérdida de visión cercana y dificultades para adaptarse a los cambios de luminosidad. Sin embargo, el gusto y el olfato parecen no sufrir cambios significativos. Por ello, de acuerdo con Menacho (2008), las razones para que ambos sistemas (sensorial y cognitivo) declinen conjuntamente aún no es clara.

    En relación  al segundo mecanismo, la falla en la función inhibitoria, esta corresponde a lo que según Hasher y Zacks (1988) es la dificultad del adulto mayor para mantener la concentración sobre la información principal o atender a la información pertinente e inhibir lo irrelevante. En otras palabras, es la dificultad de las personas “para centrar su atención en la información relevante y desechar aquellos otros estímulos que no son importantes” (Menacho, 2008: 39). El declive en esta función da cuenta del deterioro en tareas on-line, al que subyaceuna  afección en la memoria operativa, porque los sujetos mantendrían demasiada información irrelevante a expensas de la pertinente. En esta línea, Park (2002: 18) expone que “algunos teóricos han argumentado que el fenómeno de la inhibición no es fiable y otros mecanismos o constructos aportan explicaciones mejores”. Sin embargo, la autora reconoce que esta propuesta sirve para comprender aspectos conductuales del adulto mayor como las dificultades para mantener conversaciones múltiples.

    Por otra parte, los autores que se centran en la velocidad de procesamiento, la visualizan como “una medida de la eficiencia o competencia cognitivas. Implica la habilidad para realizar de manera automática y fluida tareas que requieren atención y concentración” (Villar, 2011: 16). En relación a este mecanismo, Saltahouse (1994, 1996) sostiene que es básico para entender la varianza en los procesos cognitivos en relación con la edad. El autor señala que la varianza se explicaría cuando se mide la velocidad perceptiva, que implica cumplir una tarea en un período fijo de tiempo (reconocimiento de similitudes o diferencias entre pares de números o dígitos). Para Salthouse (1996) existen dos mecanismos responsables de la relación entre la velocidad de procesamiento y la cognición, a saber, uno de tiempo limitado y otro de simultaneidad. El primero explica que cuando el proceso está dedicado a ejecutar operaciones previas no se logra realizar las operaciones posteriores. El segundo mecanismo muestra que ciertos productos del procesamiento previo podrían haberse perdido cuando se finaliza el procesamiento posterior. En otras palabras, con el envejecimiento las tareas complejas son procesadas con lentitud en las fases iniciales, lo cual puede producir que los adultos mayores no logren llegar a las fases finales porque han perdido los productos de operaciones que realizaron antes. Entonces, ello explicaría las diferencias observadas a favor de los jóvenes en tareas complejas, donde está implicada la memoria de trabajo, el razonamiento o recuerdo, bajo la limitación del tiempo de ejecución.

    Finalmente, los autores que se enfocan en la memoria de trabajo o memoria operativa, la definen como “el ‘espacio mental’ de trabajo, necesario para el recuerdo episódico y semántico, para el pensamiento y la toma de decisión, para la comprensión del lenguaje y el cálculo mental, y en general para todas las actividades cognitivas que requieren atención y procesamiento controlado” (Burin & Duarte, 2005: 2).

    Otra definición clásica de memoria operativa es dada por Baddeley (1986, 2000), quien propone entenderla como la cantidad total de energía que maneja una persona para realizar operaciones mentales mientras procesa la información. Esta memoria procesa fundamentalmente la información on-line. En las pruebas administradas, se pide a los sujetos que simultáneamente procesen y almacenen cierta información, lo cual, de acuerdo con Villar (2011), puede implicar almacenar, recuperar o transformar información. En este sentido, señala Menacho (2008), este tipo de procesamiento se relaciona con tareas que requieren retención a corto plazo. Existen autores que señalan que llevar a cabo cualquier tarea cognitiva implica la utilización de información que debe ser procesada por la memoria operativa, siendo este un sistema con capacidad limitada (Just & Carpenter, 1992).  En tanto, Park (2002) señala que este déficit puede ser paliado con apoyos que reducen las demandas mnemónicas de una tarea dada. Vale decir, aunque las personas pudieran tener una memoria operativa limitada,  podrían suplir sus déficits re-estructurando la tarea de modo que no requieran demasiada capacidad en la realización. Es el caso, explica la autora, de encuestas que se realizan por escrito versus las que sólo tienen apoyo auditivo. La diferencia de rendimiento de los jóvenes por sobre los adultos mayores en las encuestas auditivas versus las escritas, puede explicarse porque las encuestas auditivas implican mayores demandas de procesamiento que generarían recarga en la memoria operativa.

    No obstante, el debate alrededor de los mecanismos involucrados en el envejecimiento cognitivo y aún reconociendo la información respecto del deterioro que ocurre y se asocia al envejecimiento, la discusión sobre dicho proceso se ha ido desplazando hacia la observación de  aquellas personas que logran envejecer con éxito,  es decir, hacia aquel grupo de los adultos mayores que logran una vida satisfactoria y cognitivamente activa. En este contexto, han surgido explicaciones alternativas respecto de lo que ocurre cuando el ser humano sufre el paso del tiempo.  

     

    OTROS ENFOQUES DEL ENVEJECIMIENTO

    Basados en la variabilidad interindividual de la población de adultos mayores hoy se habla del envejecimiento con éxito, que es un concepto relativamente nuevo y “multidimensional que abarca, trasciende y supera la buena salud y que está compuesto por un amplio conjunto de factores bio-psico-sociales” (Fernández-Ballesteros, Zamarrón, López, Molina, Díez, Montoro, & Schettini, 2010).

    Park y Reuter- Lorenz (2009) han propuesto una teoría para explicar el envejecimiento cognitivo, la cual han denominado scaffolding theory of aging and cognition (STAC). La propuesta de estos autores es que, pese al deterioro neural y funcional, durante la vejez se logra mantener una conducta de alto rendimiento en base al empleo de un andamiaje compensatorio. Este andamiaje corresponde al reclutamiento de circuitos que se adicionan para auxiliar y optimizar a aquellas estructuras deficitarias o ineficientes. Este andamiaje es una propiedad dinámica y continua del cerebro adaptativo o plástico del ser humano, que está presente a lo largo del ciclo vital y que, en la vejez, posibilitaría la mantención del funcionamiento cognitivo normal.

    Ahora bien, Krzemien (2012), señala que, en el campo de estudios gerontológicos aún no se logra claridad respecto de las potencialidades y de la  plasticidad en un envejecimiento normal. Al respecto, señala la autora, pareciera que han cambiado los criterios sobre los cambios cognitivos asociados a la edad cronológica y rendimiento intelectual, puesto las investigaciones en el área “han aportado conclusiones controvertidas que ponen en revisión los conocimientos en el campo de la inteligencia y naturaleza del pensamiento en la vejez” (Krzemien, 2012: 132).

    Las funciones cognitivas están a la base del rendimiento de tareas, no sólo para la vida diaria (aprendizaje de tecnología, conducir automóvil, llevar las cuentas bancarias, administrar gastos, poder cumplir con los horarios y dosis de medicamentos prescitos, independencia en las decisiones de autocuidado, etc.), sino que también en las requeridas en situación de laboratorio. Estas funciones recurren a mecanismos fundamentales que “han sido considerados índices de los recursos cognitivos, es decir, de la cantidad de procesamiento mental o energía mental disponible para ser usada cuando se lleva a cabo una tarea cognitiva” (Park, 2002: 4). De acuerdo con Park (2002), una forma de explicar el sistema cognitivo en la vejez es con la metáfora de un ordenador que tiene un enorme disco duro, con gran cantidad de información almacenada a lo largo de la vida. Esta situación se traduce en lentitud y una respuesta más laboriosa al momento de procesar eficientemente tal acumulación de datos. En este caso, se contaría con un sistema funcional, pero poco eficaz. Lo observado por Park (2002) es que los sujetos mayores evidencian rendimientos deficientes en laboratorio (las vivencias previas no son relevantes), mientras, el rendimiento ante tareas complejas de la vida diaria es alto. Esto se explicaría, según la autora, porque el conocimiento y la experiencia almacenada juegan un rol fundamental. De acuerdo con Park (2002: 10), las teorías que intentan explicar las diferencias en el funcionamiento cognitivo, “están interesadas únicamente en la explicación de esa parte de la variabilidad atribuible a la edad”, sin embargo, agrega la autora, a la base de este funcionamiento puede existir alguno de los cuatro mecanismos de los cuales se ha hablado en el apartado anterior. En línea con lo anterior, Ardila (2012: 1) señala que, “los cambios cognoscitivos asociados con el envejecimiento se inician alrededor de la cuarta o quinta década de la vida, pero se hacen evidentes en la memoria y las habilidades especiales a partir de la sexta década y en las habilidades verbales a partir de la octava década.”

    El mismo autor, expone que las tareas que dependen del tiempo, tienden a decaer durante el envejecimiento normal, por ejemplo, las relacionadas con la memoria a largo plazo suelen ser motivo frecuente de consulta a especialistas. Mientras, la memoria inmediata y a corto plazo estarían conservadas. En este sentido, la variación cognoscitiva asociada al envejecimiento muestra que, al aumentar la edad, el rendimiento en pruebas neuropsicológicas  se hace más heterogéneo.

    “algunos sujetos continúan presentando una ejecución relativamente alta, otros muestran una caída acelerada. El primer grupo correspondería a lo que se conoce como ‘envejecimiento exitoso’ (sujetos que aun en edades muy avanzadas continúan presentando una ejecución apropiada en pruebas cognoscitivas y continúan llevando una vida relativamente normal). Por el contrario, aquellos sujetos que presentan una caída acelerada en sus habilidades cognoscitivas, llegarán a presentar una demencia” (Ardila, 2012: 4).

    En la vejez normal las personas pueden presentar patrones de deterioro cognitivo como: deterioro constante, declive tardío o estabilidad relativa, donde la declinación cognitiva podría afectar a unas funciones más que a otras. Sin embargo, según Bosch (2010), en un envejecimiento normal, aún presentándose alguno de dichos patrones de deterioro, los senescentes logran mantener independencia en las actividades de su vida diaria. Además, agrega la autora, “los estudios de neuroimagen han mostrado que la función del cerebro en el anciano es una función compleja y diferente a la observada en el cerebro joven” (Bosch, 2010: 23). Por ello, en niveles de ejecución similares para ambos grupos, el funcionamiento del cerebro envejecido es diferente, no por debilitamiento de la actividad cerebral, sino por una reorganización funcional que optimiza los recursos. Uno de estos recursos es la expansión de las áreas destinadas a una función, donde la lateralización tiende a desaparecer en pro de la activación hemisférica bilateral. Por lo tanto, envejecer “no es un proceso unidireccional sino que se trata de un proceso complejo caracterizado por la reorganización, optimización y aprovechamiento de la plasticidad funcional para obtener una mayor adaptación al medio y mantener una vida productiva en la vejez” (Bosch, 2010: 24).

    Actualmente, la visión sobre envejecimiento es menos negativa que hace cuatro décadas. La tendencia es considerar que existe variabilidad, lo cual hace al envejecimiento dependiente de las características de cada individuo. En esta línea, Salech (2009), señala que existen teorías denominadas estocásticas, donde se postula que el envejecimiento es la continuación de un proceso de diferenciación que sigue normas predeterminada de eventos codificados en el genoma y, sería aquella, la última etapa dentro de los eventos codificados. Sin embargo, otras teoría, no estocásticas, señalan que los procesos que condicionan el envejecimiento ocurrirían de un modo aleatorio y se irían acumulando en el tiempo por las acciones del medio, hasta alcanzar un nivel incompatible con la vida. El autor argumenta que, si se toma como base las líneas de funcionalidad clásicas (crecimiento, mantención, declinación) y a los individuos se les representa por un punto, como se presenta en la Figura 3, se observa que en la etapa de declinación la dispersión es mayor, lo cual explicaría la gran variabilidad de fenotipos en dicho periodo etario

    Figura 3: Dispersión del fenotipo en el envejecimiento

    Ahora bien, respecto del envejecimiento negativo, Villar (2005) señala que existen personas que se aíslan, se culpan, viven con depresión y con temor a la muerte. En cambio, advierte el autor, aquellas personas que muestran una forma positiva de envejecer, utilizan la capacidad creativa, mantienen compromiso con el entorno y tienden a considerar los errores y éxitos vividos a lo largo de la vida con un sentimiento de satisfacción. En esta línea, la OMS (2001) declara que un envejecimiento activo significa extender la esperanza y calidad de vida hasta edades avanzadas a través de un proceso de maximización de oportunidades que promuevan el bienestar físico, psicológico y social de los individuos.

    La visón optimista del envejecimiento, asume que en dicho proceso confluyen diversos sucesos a lo largo de la vida del sujeto y en cada momento co-existen los mismos mecanismos crecimiento y regulación y no sólo pérdidas o deterioro. Especialmente dentro de esta perspectiva, sería oportuno detenerse en la propuesta del lifespan. 

     

    Enfoque del Ciclo Vital o Lifespan

    La perspectiva del ciclo vital o lifespan, una vertiente que nace en el ámbito de la psicología, no obstante ello, actualmente, de acuerdo con Villar (2003) se trata más bien de un conjunto de principios para poder estudiar el cambio evolutivo humano Asimismo, Dulcey-Ruiz y Uribe (2002: 19) agregan, “el ciclo vital se convierte en un marco de referencia (más que en una teoría) de tipo contextual y dialéctico, que considera la totalidad de la vida como continuidad de cambios”.

    El planteamiento con el que nace es el desarrollo humano es un proceso de pérdidas y ganancias en un continuum que abarca desde el nacimiento hasta la muerte del individuo y comprende todos los cambios que se dan a lo largo de su vida (Baltes, 1987; Hetherington & Baltes, 1988; Baltes & Staudinger, 1996; Rice, 1997; Baltes, 2000; Villar, 2003; Baltes, Reuter-Lorenz, Rössler, 2006; Kail & Cavanaugh, 2006; Berk, 2007; Stassen, 2008, 2009; Combs-Orme, 2010; Fingerman, Berg, Smith & Antonucci, 2010; Sigelman & Rider, 2011).

    Según señala Villar (2003: 765), este el ciclo vital es, posiblemente, “el prototipo de teoría centrada en la expansión del punto de vista evolutivo al ciclo vital, integrando todas las fases de la vida” y considerando, además, factores contextuales y socioculturales para explicar el desarrollo humano, lo cual se contrapone al enfoque tradicional, que se representa en las gráficas de las Figuras 4 y 5.

    Figura 4: Curva clásica del desarrollo humano

    Figura 5: Etapas del desarrollo humano

    Las Figuras 4 y 5 representan la noción clásica de desarrollo, de acuerdo con Cornachione (2008), describe el desarrollo humano en términos de crecimiento continuo durante la infancia y adolescencia, luego una etapa de estabilidad sin cambios o meseta en la adultez, para seguir con un deterioro paulatino y progresivo a partir de la atapa de adulto mayor a la ancianidad, porque es una visión centrada en el biologismo, es decir, en el crecimiento y maduración orgánica.

    La perspectiva del ciclo vital, en cambio, complejiza y pluraliza el concepto de desarrollo. Primero, incorpora otros componentes, además del biológico, como los históricos, y culturales (multidimensionalidad). Segundo, la propuesta indica que este proceso no es meramente un despliegue de potencialidades, sino que a lo largo de la vida co-ocurren de pérdidas y ganancias (multidireccionalidad) (Baltes, 1987).

    Según señalan Urbano y Yuni (2005), el ciclo vital presenta un concepto de desarrollo asimilable a cambio, lo cual lo distingue de la noción de crecimiento propia de la visión tradicional,  donde el acento recae en lo evolutivo. Así, un primer aspecto que diferencia ambas propuestas es que el ciclo vital asume el desarrollo humano como un proceso complejo, multidimensional y multidireccional (Figura 6).

    Figura 6: Representación multidimensionalidad individual.

    Las diferencias señaladas, son fundamentales, pues en este enfoque se resalta que los cambios no afectan a todos los individuos por igual, ni en un mismo momento a todas las dimensiones, ni existe un patrón único predeterminado de envejecimiento, por lo tanto, los seres humanos evidencian diferencias interindividuales e intraindividuales  (Baltes, 1987; OMS, 2000; Villar, 2003; Cañoto, 2006; Vélez, Martínez, Meza, Valencia & Reina, 2008; Oppong, 2011). Es decir, señalan  Dulcey y Uribe (2002: 20), “ello implica, en la práctica, que muy diferentes factores y sistemas se conjugan e interactúan en disímiles direcciones, en la construcción de la vida de cada persona”.

    En uno de los artículos clásicos de Baltes (1987), fundador grupo de estudios del ciclo vital, se describe esta visión del desarrollo señalando que su objetivo es "[…] obtain knowledge about general principles of life-long development, about interindividual differences and similarities in development, as well as about the degree and cognitions of individual plasticity or modifiability of development" (Baltes, 1987: 611).

    Un concepto básico del enfoque del ciclo vital es que el desarrollo del individuo no se completa en la edad adulta, sino “ontogenesis extend across the entire life course and lifelong adaptative processes are involved” (Baltes, Lindenberger & Staudinger, 2006: 569). La propuesta del ciclo vital apunta a comprender qué hace que algunos individuos adultos logren un desarrollo satisfactorio con alta calidad de vida mientras otros decaen. El enfoque reconoce el poderoso condicionamiento de la evolución y co-evolución biológica y cultural en el desarrollo humano, vale decir, se pone en relieve que existen dimensiones como la biológica (genética), la histórica (eventos, circunstancias y vivencias del individuo) y la cultural (contextos, tiempo y lugares) exponiendo que el futuro no es un algo apriorístico y fijo, sino más bien, un sistema abierto “the future is not something we simply enter but also something that help create and that dependent on the partially always novel co-construction of genetic, environmental, and cultural conditions” (Baltes et. al, 2006: 575). 

    Baltes (1997) y Baltes et al. (2006) señalan que el desarrollo humano es una arquitectura incompleta basada en la biología y la cultura. Para estos autores, el individuo podría mantener destrezas en etapas donde estructuralmente y biológicamente se ha asumido hay pérdida, como en la vejez. Las pérdidas provienen del envejecimiento normal, de daño o lesiones fortuitas o neurodegenerativas del cerebro. Sin embargo, funcionalmente, existen recursos que ayudan a que las habilidades humanas puedan tener mejoría con el entrenamiento y la práctica, aunque, en todas las edades, el potencial para el cambio tiene límites.

    Ahora bien, los individuos envejecen de diferente forma, evidencian cambios y gran variabilidad interindividual en la medida que aumenta la edad, aunque no sea la edad el punto diferenciador (Nesselroade, 1969; Thomae, 1979; Nesselroade, 1991). Por ello, en este modelo multicausal, que es ciclo vital, se sostiene que el ser humano se ve enfrentado a tres tipos de influencias principales, todas las cuales dependen de factores biológicos y socio-ambientales, pero algunas influencias son normativas y otras son no normativas. Las primeras, que justifican las similitudes entre individuos, es decir, las influencias normativas, son de dos tipos. Por una parte, aquellas relacionadas con la edad, lo cual produce que los individuos de determinadas comunidades, en ciertas edades, se parezcan. Por otra, existen influencias normativas relacionadas con la historia, de factores que suceden en ciertos momentos y afectan a un grupo de individuos o a una generación y, por ello, los asemeja entre sí. En cambio, las influencias no normativas afectan a individuos concretos, no a la generalidad (influencias de carácter individual, por ejemplo, ocupación, amigos, familia, rupturas sentimentales, pérdidas, etc.), lo cual responde a que, pese a todo, las personas de una misma edad y generación se diferencien (Baltes & Baltes, 1990; Lindenberger & Baltes, 1994; Baltes & Staudinger, 1996; Baltes & Lindenberger, 1997; Baltes & Dickson, 2001; Lindenberger, 2001; Staudinger & Lindenberger, 2003; Güntürkün, 2006; Li, 2006).

    En otras palabras, este enfoque reformula el concepto tradicional de desarrollo, que lo presentaba en una única dirección: crecimiento, maduración y avances. Ahora bien, bajo la nueva mirada, no existe desarrollo sin pérdidas, como tampoco hay pérdidas sin ganancias (Baltes, 1987). Se trata de un intento que propende a otorgar conocimientos acerca de tres componentes individuales del desarrollo humano, a saber: regularidades, diferencias interindividuales y plasticidad intraindividual. Por ello, entre los objetivos de este enfoque está el intentar ofrecer la estructura y secuencia de procesos del desarrollo a lo largo de la vida, reconocer las interconexiones entre eventos y procesos tempranos y tardíos del desarrollo, identificar los factores y mecanismos biológicos, psicológicos, sociales y ambientales que sustentan el desarrollo humano y especificar los rangos de plasticidad en los  potenciales y limitantes biológicos y ambientales en el desarrollo individual.  (Baltes et al., 2006).

    Paul Baltes, propone denominar su teoría inicialmente usando el término life-span psychology o life-span developmental (Baltes, 1987), es decir, usando guión. No obstante, más tarde el propio autor señalaría explícitamente “note that the present autor now prefers the spelling of lifespan psychology instead of life-span” (Baltes, 2000:7). Los cambios terminológicos, según indica su autor, conllevan el énfasis que propone para su enfoque. En un primer momento el foco baltesiano está en la reconceptualización de la noción de desarrollo para diferenciarla de la noción tradicional de crecimiento, luego se instala como una corriente de estudios del envejecimiento. 

    Este enfoque es ampliamente aceptado en el ámbito de la salud. En esta línea, la OMS (2000: 2) señala, explícitamente, que “con el establecimiento en 1995 del programa Envejecimiento y Salud (AHE), la OMS adoptó formalmente la perspectiva del ciclo vital como uno de sus enfoques claves de envejecimiento”. Lo anterior, explica la forma en que Villar (2003) define el ciclo vital, señalando que se constituye en un “modelo, denominado Modelo de Optimización Selectiva con Compensación, está vinculado con el concepto de envejecimiento satisfactorio” (Villar, 2003: 777).

    Baltes y Baltes (1990) señalan que existen tres componentes del modelo del ciclo vital, que refieren a mecanismos utilizados por los individuos en la consecución de metas, los cuales propenden a la mantención de funcionamiento y regulación de las pérdidas y explicarían la capacidad para lograr un envejecimiento satisfactorio. Dichos mecanismos son: selección, optimización y compensación, a los cuales subyace el concepto que el desarrollo es un proceso de adaptación selectiva. De acuerdo con los autores, la selección corresponde a la posibilidad de un individuo para escoger y desechar metas y alternativas. La optimización corresponde a la regulación que impulsa al individuo a mantener o alcanzar las metas con niveles satisfactorios o deseables de funcionamiento. La compensación es una respuesta estratégica ante la ausencia o pérdida de recursos. La compensación puede efectuarse  adquiriendo nuevos recursos para sustituir los perdidos  o cambiar las metas para conseguir el logro con los recursos disponibles.

    Ahora bien, el uso de los mecanismos expuestos, responden a la noción de plasticidad, refiriendo a la capacidad de las personas para cambiar o modificar sus procesos evolutivos. Esta plasticidad impacta en los cambios del desarrollo humano y tiene, de acuerdo con Baltes (1987), ciertos límites dependientes de reservas internas y otras externas. Las reservas internas refieren a la capacidad del individuo de rendir eficientemente ante una tarea con recursos propios. Mientras, las reservas externas, corresponden a la posibilidad de cuánto puede incrementar el rendimiento un sujeto co apoyos externos. 

    pp24 - 45 Tesis Doctoral

     

    Rimassa, Carla. (2014). La capacidad de producir textos escritos sintácticamente complejos y su relación con la reserva cognitiva de los sujeos adultos que los producen. Tesis Doctoral. Pontificia Universidad Católica de valparaíso, valparaíso, Chile. pp 24 - 45.